Guerrero

El Estado de Guerrero está ubicado en el sur de México, en la costa del Océano Pacifico, su ubicación geográfica lo hacen un lugar privilegiado ya que cuenta con cálidos mares, paradisiacas playas, extensas lagunas, verdes montañas y colorida fauna, además de tener gran cultura reflejada en tradiciones ancestrales, sabores únicos en su gastronomía y sobre todo, la calidez de su gente, esto hace a los guerreases excelentes anfitriones, por ello este Estado es la cuna del turismo en el país y de los primeros destinos del mundo.

El Estado de Guerrero se encuentra en el sur de México, en la costa del Océano Pacífico, ofreciendo uno de los mejores climas del mundo, con una combinación de tradiciones, color, templados mares, paradisiacas playas, verdes montañas, pueblos con gran encanto, pero sobre todo, la calidez de su gente.

Historia

Hasta hace menos de tres décadas se creía que en la época prehispánica el actual estado de Guerrero había sido habitado por numerosos y distintos grupos subdesarrollados, sin una cultura propia, cuya evolución se debía a influencias venidas de culturas externas.

Incluso ya bien avanzado el siglo XX, a Guerrero se le dejaba en blanco en los mapas arqueológicos. Apenas en fecha muy reciente se le incluyó como la porción más meridional de una de las subáreas de Mesoamérica: el occidente de México. Quedaba, no obstante, sin explicación la presencia en el territorio guerrerense de numerosas manifestaciones de estilo olmeca y de millares de objetos elaborados bajo ciertos estilos locales y vigorosos, de los que se desconocía su filiación cultural y su antigüedad. Como se verá a lo largo de este texto, el camino que ha recorrido la investigación arqueológica en Guerrero ha sido largo y difícil, pero al final se ha logrado demoler muchas de esas ideas preconcebidas y se han podido resolver algunos de los principales enigmas de la arqueología guerrerense.

Llegar a conocer el pasado precortesiano es tarea de la arqueología. Esta disciplina, ante la ausencia, escasez o duda de la información escrita, recurre primordialmente a la identificación, análisis y estudio de los restos materiales dejados por las sociedades pretéritas como fuente de información primaria. En esta tarea, los datos y el contexto en el momento de recuperar los restos es decir, la forma y disposición como se asocian esos vestigios- son imprescindibles para poder establecer no solo su edad y filiación cultural, sino para obtener datos genuinos sobre la vida prehispánica y los mecanismos sociales que la determinaron. Para fechar los vestigios utiliza los propios materiales, especialmente los cerámicos, con los que establece una cronología relativa, o bien se basa en el análisis de los restos orgánicos por medio del radiocarbono o carbono 14, que proporciona fechas más confiables.

En el aspecto temporal maneja tres categorías principales: los horizontes, los periodos y las fases. Los horizontes son los más amplios. En términos generales, el horizonte Preclásico o Formativo abarca de 1500 a. C., y el Posclásico de  900/1000 d. C. hasta el establecimiento  de la cultura hispana.

Los periodos, casi siempre tripartitos, son subdivisiones de esos horizontes, mientras las fases subdividen los periodos de manera distinta en cada región  y aun en cada sitio. Para el caso de ciertas regiones de Mesoamérica, y en particular para Guerrero, es necesario incluir un cuarto horizonte, el Epiclásico (650/700-900/1000), que se distingue por ser un lapso breve pero de intenso desarrollo cultural.

A lo largo de la historia, las civilizaciones originarias buscaron asiento transitorio o definitivo en sitios donde pudieran disponer de tierras y agua suficiente para cubrir sus necesidades materiales. El territorio que hoy ocupa el estado de Guerrero no es excepción a la regla, como lo demuestra la riqueza arqueológica descubierta hasta la fecha, y que promete ser aún mayor. Así lo indican los vestigios arqueológicos reseñados en otro capítulo de este libro, donde se comentan las razones de que la entidad se ubique como cuna cultural mesoamericana.

Los primeros españoles que llegaron a lo que actualmente es Guerrero se dedicaron, sobre todo, a la explotación de los grandes yacimientos de metales preciosos.

Hernán Cortes, quien conocía los tributos impuestos por el imperio azteca a los pueblos del territorio guerrerense, organizó expedicionesa la región donde hoy se ubica Taxco con el propósito de ponerlo bajo su dominio y así estar en condiciones de extraer toda la riqueza posible. De esta forma. En 1529 se fundo Taxco y se convirtió en la primera población que se desarrolló alrededor de la explotación minera hecha por los conquistadores, entre los que destacan Diego de Nava y Juan Cabra.

El territorio de lo que hoy es Guerrero se exploro por primera vez en 1520, en una expedición enviada por Cortés y encabezada por Gonzalo de Umbría. Sin embargo, no fue si no hasta después del sometimiento de los mexicas cuando los conquistadores dirigieron su atención hacia el sur, sabedores de las riquezas de estas tierras; para 1523 las habían dominado casi en su totalidad. En 1531 los yopes, al oriente del actual Acapulco, se revelaron infructuosamente contra el dominio español; con anterioridad, este aguerrido pueblo se había resistido también a la expansión mexica.

Apenas tuvieron el control definitivo de estas tierras, los españoles constituyeron la encomienda. Para ello aprovecharon la estructura política de cacicazgos impuesta por el imperio azteca, a la par de la evangelización que buscaba integrar a los pueblos mesoamericanos a la visión española del mundo.

En beneficio de las actividades productivas quedó en manos de peninsulares, quienes, además de ver por su propio interés, tenían que cumplir con las exigencias de la metrópoli. Por ello, las regiones surianas participaron de manera desigual en el mercado mundial, ya que los intereses españoles corrían por dos vertientes: las expectativas mineras, fundadas en la existencia de metales preciosos en la región principalmente Taxco y la búsqueda de la conexión intercontinental que se materializo con la fundación del puerto de Acapulco y el descubrimiento de la ruta de tornaviaje desde las islas filipinas por fray Andrés de Urdaneta en 1565. Es decir, fueron dos las regiones y ramas económicas que participaron en la economía de la metrópoli: el comercio por la costa de Acapulco y las minas de plata de Taxco. Por ello, tanto los comerciantes como los mineros estuvieron entre los grupos sociales más poderosos en el territorio de la Nueva España.

Los criollos, a su vez, se concentraron en las actividades relacionadas con la producción agrícola y artesanal, que eran modestas, casi insignificantes, si se les compara con el dinamismo económico de las transacciones asiáticas por el puerto de Acapulco y con la explotación minera en Taxco.

El pueblo de Guerrero ha sido un factor decisivo en los procesos de construcción del Estado mexicano, tanto que la Independencia, la Reforma y la revolución contaron con una presencia fuerte del pueblo guerrerense. La entidad se constituyó en el gran escenario de la gesta independista, luego de la derrota y captura de Miguel Hidalgo, pues aporto el vigor de su población en la construcción del Estado nacional. “Esta dependencia se consolidó en la guerra contra los Estados Unidos  y se acentuó todavía más con la Revolución de Ayutla, que acabó con la dictadura de Antonio López de Santa Anna y abrió el terreno a la forma liberal. Para estad fechas, el espacio suriano existía ya como entidad propia y a la vez constituyente de la Republica”.

Por lo anterior, se puede concluir, junto con Illades, que Guerrero ha sido una periferia activa dentro del conjunto de procesos de construcción nacional.

Los primeros españoles que llegaron a lo que actualmente es Guerrero se dedicaron, sobre todo, a la explotación de los grandes yacimientos de metales preciosos. Hernán Cortes, quien conocía los tributos impuestos por el imperio azteca a los pueblos del territorio guerrerense, organizó expediciones a la región donde hoy se ubica Taxco con el propósito de ponerlo bajo su dominio y así estar en condiciones de extraer toda la riqueza posible. De esta forma. En 1529 se fundo Taxco y se convirtió en la primera población que se desarrolló alrededor de la explotación minera hecha por los conquistadores, entre los que destacan Diego de Nava y Juan Cabra.

El territorio de lo que hoy es Guerrero se exploro por primera vez en 1520, en una expedición enviada por Cortés y encabezada por Gonzalo de Umbría. Sin embargo, no fue si no hasta después del sometimiento de los mexicas cuando los conquistadores dirigieron su atención hacia el sur, sabedores de las riquezas de estas tierras; para 1523 las habían dominado casi en su totalidad. En 1531 los yopes, al oriente del actual Acapulco, se revelaron infructuosamente contra el dominio español; con anterioridad, este aguerrido pueblo se había resistido también a la expansión mexica.

Apenas tuvieron el control definitivo de estas tierras, los españoles constituyeron la encomienda. Para ello aprovecharon la estructura política de cacicazgos impuesta por el imperio azteca, a la par de la evangelización que buscaba integrar a los pueblos mesoamericanos a la visión española del mundo.

En beneficio de las actividades productivas quedó en manos de peninsulares, quienes, además de ver por su propio interés, tenían que cumplir con las exigencias de la metrópoli. Por ello, las regiones surianas participaron de manera desigual en el mercado mundial, ya que los intereses españoles corrían por dos vertientes: las expectativas mineras, fundadas en la existencia de metales preciosos en la región –principalmente Taxco- y la búsqueda de la conexión intercontinental que se materializo con la fundación del puerto de Acapulco y el descubrimiento de la ruta de tornaviaje desde las islas filipinas por fray Andrés de Urdaneta en 1565. Es decir, fueron dos las regiones y ramas económicas que participaron en la economía de la metrópoli: el comercio por la costa de Acapulco y las minas de plata de Taxco. Por ello, tanto los comerciantes como los mineros estuvieron entre los grupos sociales más poderosos en el territorio de la Nueva España.

La muerte de las figuras caciquiles locales no significó el fin de la lucha por la hegemonía en la entidad. Al contrario, como es natural en la política, nuevos personajes empezaron a disputarse el espacio vacío de los polos del poder: intelectuales citadinos, abogados, maestros, pequeños terratenientes y comerciantes pueblerinos, es decir, la naciente clase media urbana y rural, que el mismo Díaz de había encargado de fomentar y sostener. Estas fuerzas, no obstante, manifestaron su oposición al centro con su descontento hacia las figuras fuereñas. Uno de los momentos más significativos se presentó cuando Mercenario, apoyado por el poder central, se reeligió por cuarta ocasión para el periodo del 1901 a 1905, lo cual generó una oposición política que encabezo el licenciado, de pasado porfirista, Rafael Castillo Calderón.

Castillo había sido secretario de Gobierno de Francisco O. Arce, varias veces diputado local y en 1899 el organizador en Guerrero del Circulo de Amigos del General Porfirio Díaz. Sin embargo, la mano interventora de Díaz nombró vencedor de las elecciones a Mercenario, y con ello desencadenó el disgusto de los guerrerenses, a tal grado que éste se vio obligado a renunciar antes de tomar posesión de la gubernatura. En su lugar, Díaz nombro a otro fuereño, el hacendado poblano Agustín Mora, de quien se decía que la única relación que tenia con Guerrero provenía de las cabras que compraba en Tlapa para sus haciendas. De acuerdo con el estilo de Díaz, mientras destituía a Mercenario, empezó una ofensiva de aniquilamiento en contra de la oposición; y como respuesta, la inconformidad armada no tardó en aparecer.

La lucha contra el agravio centralista surgió en Mochitlán, con el Plan del Zapote, donde se proclamó el derecho popular a votar libremente y se aseguraba que se respetarían a todos los terratenientes, extranjeros, viajeros y al pueblo de Guerrero en general. Este levantamiento fue acaudillado por el deficiente estratega Anselmo Bello amigo de Castillo Calderón, que nunca pudo articular un movimiento homogéneo; tuvo, eso si, la suerte de escapar con vida gracias a la ayuda que le prestó una terrateniente de Chilapa; en cambio, otro de los líderes, Eusebio Almonte, fue capturado y ejecutado en Mezcala por las tropas porfiristas comandadas por el coronel Victoriano Huerta. En su propio estilo, Huerta fusiló a un número considerable de alzados y apresó a otros. Por su parte, Castillo Calderón fue detenido en la Ciudad de México, donde se había refugiado, e indultado con la condición de que no volviera a pisar Guerrero. Años después se convertiría al maderismo.

El movimiento de Castillo Calderón puede ser calificado de precursor de la Revolución mexicana en Guerrero, tanto por su composición social como por la petición básica: la no injerencia centralista en las elecciones estatales y en los designios de la entidad. Así, la consigna de la Revolución en contra de Díaz, Sufragio efectivo, no reelección, se empezó a configurar en territorio guerrerense. Incluso, en la perspectiva histórica del largo plazo, los movimientos de Diego Álvarez y Canuto A. Neri tuvieron el mismo sentido. No cabe duda de que estas acciones  respondieron más a los intereses personales y regionales de los caciques que a la formalización de los procedimientos de un régimen democrático; sin embargo, la causalidad histórica es más compleja y las acciones de ellos se abrieron los espacios que a la postre permitieron que el pueblo cuestionara el régimen absolutista de un solo hombre: el instrumentado por Porfirio Díaz.

En el mismo sentido, se deben contemplar las diversas rebeliones contra el despotismo de los prefectos políticos, así como las encabezadas por campesinos e indígenas guerrerenses, afectados por las leyes liberales, ya que una parte de los alzados de 1910 adoptó como bandera la reivindicación de la libertad municipal y de las tierras. En términos generales, la correlación de fuerzas políticas y sociales que lucharon en la gesta revolucionaria nacional tuvo representación en el estado de Guerrero.

 

 

El estado de Guerrero ha logrado fama internacional gracias a su gran cantidad de manufacturas artesanales. Que son reconocidas por sus particularidades étnicas y regionales, sus diferentes aportes locales, su belleza, exotismo y calidad, pues al carácter utilitario de las prendas y objetos se agrega por lo general el tratamiento artístico individual. Algunas artesanías conservan en su origen un carácter ceremonial, lo cual ha permitido persistir en su producción local con rasgos identitarios, iconográficos y rituales propios de cada comunidad productora; tales son los casos de los textiles amuzgos, la alfarería del Alto Balsas... Las lacas de Olinalá o Acapetlahuaya y las máscaras de madera o piel, entre las más sobresalientes. De un tiempo a la fecha, la comercialización de las distintas ramas de artesanía se ha incrementado, en paralelo al crecimiento del turismo local, nacional e internacional. En este sentido, la actividad artesanal ha probado ser una buena fuente suplementaria de ingreso y en algunos casos de especialización y se ha convertido en fuente alterna al tradicional ingreso campesino en comunidades tanto indígenas como mestizas. Sin embargo, los fenómenos de acaparamiento, la falta de canales comerciales adecuados y los costos de distribución han restringido el beneficio monetario de los productores. La misma diversidad y en algunos casos la calidad de la producción artesanal se ha visto afectada por los efectos de su inserción en el mercado moderno, que exige precios competitivos, incluso a expensas de una reducción en la calidad. Como antecedentes debemos señalar que en el origen de los pueblos mesoamericanos destacó el aprovechamiento de las fibras, como el algodón, la palma o el maguey; la talla de piedra y madera, y la alfarería, entre otras. Por su antigüedad, que se remonta a la misma época prehispánica, sobresalen la alfarería, la cestería, los textiles, las lacas y el trabajo de los metales preciosos. Durante la época colonial el trabajo artesanal se enriqueció con el aporte de las tradiciones española, asiática y africana, en concordancia con las necesidades e influencias locales de cada periodo histórico y región cultural. En la actualidad destacan la orfebrería; el tallado en madera; los textiles nahuas, mixtecos y amuzgos; el trabajo de fibras como el bonote (desecho del coco); el aprovechamiento de las conchas marinas, así como el uso del totomoxtli, entre otras modalidades. En seguida haremos un recorrido por los centros productores de artesanías mestizos, afromestizos e indígenas, además de comunidades descendientes de población blanca (sobre todo españoles, pero también franceses, belgas, italianos y libaneses, entre otros. Fiestas, Rituales y Ferias Tradicionales Del Estado El estado de Guerrero, su nombre se debe al héroe de la Independencia de México, Don Vicente Guerrero Saldaña, originario de la ciudad de Tixtla de Guerrero. La entidad se ubica en la parte sur de la república mexicana, sobre las márgenes del Océano Pacífico, entre los 16° 18´ y 180° 48´. La superficie territorial del Estado es de 64,281 Km2, que apenas corresponde al 3.3 % de la superficie del territorio nacional; ocupa el decimo cuarto lugar con relación a la extensión de los demás estados del país. Limita al Norte con los estados de México y Morelos, al Noroeste con el estado de Michoacán, al Noreste con el estado de Puebla, al Este con el estado de Oaxaca y al Sur con el Océano Pacífico. De acuerdo a sus características económicas, sociales y geográficas, se encuentra dividido en 81 municipios, integrados en siete regiones: la Montaña, Zona Centro, Acapulco, Zona Norte, Costa Grande, Costa Chica y Tierra Caliente. Por su composición étnico-social, su desarrollo histórico–cultural, y por la situación económica en que viven sus habitantes, durante el ciclo anual, llevan a cabo una serie de fiestas que cobran características muy particulares dependiendo del pueblo, comunidad, región o grupo que las realiza. A saber la composición social del Estado está integrada por los grupos Nahuas, Na saavi (mixtecos) Me´phaa (tlapanecos), Nan cue ñomdaa (amuzgos), Afromestizos y Mestizos. Cada uno de estos grupos culturalmente se expresan de diferente manera, de acuerdo a su cosmovisión, a su forma de pensar y de ser; esta multiplicidad expresiva mediante símbolos, significados y formas organizativas, se reflejan en cada una de sus festividades que comunitariamente llevan a cabo en las fechas que ellos han elegido desde tiempos inmemoriales por costumbre y tradición, para celebrar su fiesta principal, así como otras festividades relacionadas con su ciclo anual de vida. Cada pueblo, comunidad o ciudad un día del año lo consagran para festejar un determinado “santo” o “virgen”, que ha manera popular llaman “el santo patrón” o “la patrona del pueblo”. Esta veneración está influenciada por el proceso de colonización y cristianización que se generó durante la conquista de los pueblos originarios por los españoles o europeos. Una de las consecuencias del encuentro de estos dos mundos, de estas dos culturas, fue la imposición de imágenes de santos y vírgenes de tés blanca, barbados, vestidos al estilo europeo y rasgos físicos finos que desplazaron a los tótems hechos de piedra, o las figuras finamente labradas con piedra de obsidiana que fungían como dioses o deidades que los pueblos originarios los reconocían como sagrados, los cuales antes de la llegada de los españoles les rendían pleitesía venerándolos con grandes fiestas en donde organizaban festines con la participación de los gobernantes, sacerdotes y pueblo en general.

La gastronomía mexicana es una de las más variadas del mundo, es producto de la unión de las costumbres culinarias europea y prehispánica. Esta variedad de platillos y diversidad de elementos que se aprovechan para prepararlos la han llevado a ser considerada como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y Cultura (UNESCO) en el año 2010. Nuestro país es el primero en otorgársele este reconocimiento a nivel mundial. En la comida mexicana hay raíces, identidad, tradición, folklore, variedad de ingredientes que aportan sabores, texturas y olores. La habilidad de comer, es una acción tan natural que una vez aprendida por el ser humano desde el regazo materno, no la abandonará en toda su vida. Tenemos un arte culinario que caracteriza a cada pueblo, cultura y región, ya que la alimentación define aspectos básicos de identidad individual y colectiva. Existen personas que guisan con arte sin haber asistido alguna escuela, ya que solo han aprendido de las personas mayores. Dichos saberes culinarios se han venido salvaguardando, trasmitiendo y enriqueciendo de generación en generación y se guardan celosamente por parte de los familiares. El estado de Guerrero, es rico en diversidad cultural gastronómica, ya que los habitantes de los pueblos, comunidades o rancherías son los que participan y se integran para que se fortalezca, preserve y se conserve la sazón en la elaboración de los platillos especiales para ofrendar a sus ídolos, familiares fallecidos u ofrecer a los asistentes en alguna festividad. Cada grupo étnico asentado en el territorio guerrerense, sea mixteco (na savi), amuzgo (nanncue ñomndaa), tlapaneco (xabu me’phaa), náhuatl, afromestizo, tienen su forma peculiar de celebrar a sus imágenes religiosas, así como realizar sus diversos rituales en lugares de siembra, cerros, cruces de camino, ojos de agua o manantiales, esto se llevan a cabo con la finalidad de pedir o dar gracias por los logros obtenidos según su cosmovisión. Se organizan de manera colectiva, en donde participan niños, jóvenes y adultos sin distinción de sexo, las actividades que realizan son la limpieza en donde se preparan los alimentos que es en la mayoría de los casos el atrio de la capilla o iglesia, acarreo de leña, algunas familias dan maíz o tortillas, marrano, frijol, res, etc. Las personas que preparan los alimentos son mujeres de edad avanzada, ya que ellas conocen los secretos y la sazón de los platillos que elaboran según la festividad. Para recibir a los fieles difuntos, preparan arroz con leche, pipián (mole verde) con carne de iguana pollo o puerco con tamales nejos, pozole blanco con carne de puerco, elopozole, pozole de camahua, tamales con carne de puerco, pollo o res con chile, de manteca, chipile o tichinda, de ejote, de arroz, garbanzo, fríjol molido o entero, envueltos en hoja de maíz o plátano, mole rojo con carne de guajolote, pollo o cerdo con arroz blanco y tortillas, mole de piñón con carne de pollo, memelas de horno, plátano macho hervido con leche, caldo de res aderezado con yerba santa y chile seco acompañado con plátano macho hervido molido, arroz con leche, memelas de frijol en forma de paloma para difuntos pequeños, gorditas de horno y de cuajada, toqueres (memela de camagua), pan de baqueta, blanco y muñecos pintados de pan, dulces de leche dura, pachayota, conserva de tejocotes y de toronja, calabaza en dulce, torrejas. Diversas bebidas como atole con leche, aguardiente, chilate de cacao, chocolate con leche, agua bendita, cerveza, agua natural, anisado, amargo pozolero, torito, mezcal con nanche, mezcal con manzana, chilote, chicha (maíz fermentado), aguardiente, atole de garbanzo, de arroz, (xoco) de maíz morado y blanco con salsa preparada con semilla, chile guajillo dorado y sal o chile verde con epazote y sal, entre otros platillos.

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